México en la tarima
Midnna y el sonido como resistencia en una escena que no fue hecha para nosotras
23/03/2026

Según datos del INEGI, la ocupación de músico es predominantemente masculina, pues 93 de cada 100 son hombres y únicamente siete son mujeres.
En la industria de la electrónica experimental, ser mujer implica mucho más que hacer música. Implica abrirse paso en espacios marcados por la desigualdad, enfrentar formas persistentes de acoso y sostener una práctica artística en condiciones de precariedad.
Crecer dentro de la industria musical siendo mujer conlleva aprender a leer los espacios más allá del sonido: quién te mira, quién te interrumpe, quién duda de ti antes de escucharte.
Esta entrevista nace desde esa experiencia compartida, para poner en palabras lo que muchas veces se vive en silencio: el acoso, la falta de redes, la sexualización y la urgencia de crear nuevas formas de sostenernos entre nosotras mismas. Midnna es una artista mexicana emergente y el género que más crea es la electrónica experimental, un género liderado por los hombres de la escena.
”Me di cuenta cuando entendí que no solo estaba creando música, estaba poniendo el cuerpo en una escena que no fue hecha para nosotras. Cuando vi que a ellos se les escucha y a nosotras se nos cuestiona, se nos mide, se nos prueba todo el tiempo; cuando decir que no incomoda… pero decir que sí también pesa. Ahí entendí que no era solo hacer música: era resistir, incomodar y abrir camino, para que las que vienen no tengan que pagar lo mismo”.
Lo que emerge de esta conversación no es una excepción —coincide Midnna— sino un patrón: la electrónica experimental, incluso en sus márgenes, reproduce violencias estructurales que no solo se niegan a nombrarse, sino que incluyen amenazas y abuso de poder de parte de productores, managers y hasta autoridades.
“La escena no necesita más discurso, necesita práctica: ver quién decide, quién programa y cuánto se paga, porque ya basta de secretos disfrazados. Toca dejar de poner a los mismos al centro, rotar y soltar esa falsa horizontalidad. Pagar lo justo, porque romantizar la precariedad sigue siendo abuso, y construir redes reales; no networking vacío, sino acuerpamiento entre morras y disidencias. Si el discurso es político, la práctica también tiene que serlo”.
Los números respaldan la inconformidad de Midnna, puesto que en México, las mujeres en la música ganan en promedio apenas 86 pesos por hora trabajada. La electrónica experimental, incluso en sus márgenes supuestamente "progresistas", reproduce las mismas violencias que el resto de la sociedad.
Sin embargo, la forma en que las mujeres de la escena enfrentan la precariedad ambigua es sorprendente, y ciertamente es una demostración de que podemos hacer grietas en el sistema y en las jerarquías mal diseñadas por un solo género y, sobre todo, de vivir en resistencia. Más allá de los sets, los equipos y los escenarios, esta conversación revela algo más profundo: la necesidad de ser escuchadas sin tener que justificarse constantemente.
La enseñanza es clara: no habrá transformación estética sin transformación estructural. Y esa tarea no recae solo en quienes han sido históricamente excluidas, sino en toda la escena. No se puede desviar siempre la mirada; son tiempos de generar una mejora por manos propias.
¡Escucha ahora la música de Midnna!




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